La Nueva Agenda Urbana y el papel de la mujer en las ciudades

AISA KIRABO KACYIRA

 

Descarga Caminos hacia la sostenibilidad S.M.A.R.T. (PDF)

 

La pobreza urbana tiene una singular dimensión de género, ya que deposita un peso desproporcionado en las personas y los hogares que desempeñan labores asistenciales no remuneradas, y esto afecta mayormente a las mujeres

En las ciudades, mujeres y niñas son víctimas constantes de discriminación, pobreza y violencia. Las de comunidades urbanas pobres no disfrutan de los mismos derechos sociales y económicos que los hombres, y eso afecta, entre otras cosas, a la vivienda, el agua potable y el saneamiento. Las pobres de zonas urbanas suelen sufrir más desempleo, más inseguridad y también son más vulnerables a la violencia, ya que tienen más posibilidades que las de mayor renta de sufrir agresiones, tanto en el espacio público como en sus propias casas. Políticas urbanas insensibles contribuyen a levantar barreras que impiden a mujeres y niñas participar en el desarrollo urbano, ya sea como agentes o como beneficiarias de este.

Sin embargo, hay datos que demuestran que pocos son los países que han alcanzado alguna vez crecimiento económico sostenido, rápido desarrollo social e igualdad de género sin urbanizarse. La urbanización ha sido una potente fuerza motora para cambios sociales, culturales y políticos profundos, entre ellos avances importantes hacia la igualdad de género. Hace tiempo que se reconoce que la mayor diversidad cultural de las zonas urbanas puede alentar un entorno favorable a la deconstrucción de normas sociales, arraigados estereotipos de género y tradiciones o costumbres que suponen una rémora para mujeres y niñas, perpetuando su discriminación. Aquí radica el potencial que, para la igualdad de género, tiene la urbanización.

Mujeres y urbanización: desafíos y oportunidades

Las ciudades son ya el hábitat principal de la humanidad. En la actualidad, el 54% de la población del planeta reside en asentamientos urbanos y se espera que esa cifra llegue al 66% en 2050, y que en torno a 2045 sobrepase la barrera de los 6.000 millones de personas. Al mismo tiempo, las poblaciones urbanas se están feminizando y rejuveneciendo cada vez más, ya que se prevé que en 2030 hasta el 60% de los habitantes de las ciudades sean menores de 18 años.

Sin embargo, las ciudades también albergan profundas desigualdades y situaciones de marginación, discriminación y desesperanza. Los nuevos migrantes e incluso los actuales residentes solo se pueden permitir vivir en peligrosas zonas marginales y asentamientos informales, que se extienden como una mancha de aceite. En la actualidad, 828 millones de personas viven en esos entornos y su número no deja de aumentar. Esos asentamientos no están bien conectados con el transporte público ni con otros servicios básicos como el agua potable, los saneamientos y el sistema de retirada de residuos sólidos. En esas condiciones, la vida es peligrosa e insalubre, y múltiples las barreras que impiden aprovecharse de la economía urbana. Además, la rápida urbanización está ejerciendo una gran presión sobre el suministro de agua potable, el alcantarillado, el entorno y la salud pública. Se calcula que las ciudades, a pesar de ocupar únicamente el 3% de la superficie terrestre, en la actualidad aportan entre el 37 y el 49% de las emisiones causantes del efecto invernadero y, según los pronósticos, en torno a 2050 serán responsables de más del 70% de esas emisiones.

En las zonas urbanas abundan los matrimonios infantiles. En los países de renta baja y media, a excepción de China, una de cada tres niñas se casará antes de los 18 años y una de cada nueve lo hará antes de cumplir los 15. En los países menos desarrollados la prevalencia del matrimonio infantil es todavía mayor: casi uno de cada dos casos. Si continúa la tendencia actual, la cifra anual de matrimonios infantiles, que en 2010 era de 14,2 millones, será un 14% mayor en 2030, llegando casi a los 16,1 millones. A pesar de las leyes nacionales y los acuerdos internacionales, en más de un centenar de países el matrimonio infantil sigue siendo una amenaza patente para los derechos humanos, la vida y la salud de los menores, sobre todo de las niñas.

Las migraciones también están influyendo enormemente en la magnitud y el tipo de urbanización. Entre 2000 y 2015 la cifra de migrantes internacionales aumentó en un 41%, hasta alcanzar los 244 millones. Casi la mitad de ellos eran mujeres. Hoy en día, el 50% de los refugiados del mundo son mujeres y niñas. Las mujeres representan casi la mitad de los 244 millones de migrantes y la mitad de los 19,6 millones de refugiados que hay en el mundo. Para enfrentarse a este desplazamiento de refugiados y migrantes, de una magnitud nunca vista, es preciso adoptar un enfoque más humano y coordinado, que todos los países puedan avalar y poner en marcha.

La intersección entre urbanización planificada y emigración se puede apreciar todavía mejor en situaciones de conflicto, por ejemplo, en Siria. Hasta ahora, más de 100.000 personas han muerto en esa guerra. Ciudades y pueblos han sufrido ataques y cientos de miles de viviendas han resultado dañadas o destruidas. Mientras las condiciones no dejan de empeorar, los civiles son los más afectados por la violencia. El conflicto sirio se libra sobre todo en zonas urbanas en las que antes de la guerra vivía el 57% de la población. En las ciudades, la densidad demográfica ha aumentado enormemente a consecuencia de la llegada masiva de desplazados internos.

Otro de los factores que influyen en la urbanización es el reparto de edades en la población mundial, que ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Entre 1950 y 2010, la esperanza de vida pasó de 46 a 68 años, y, según las proyecciones, llegará a los 81 años a finales de este siglo. Por primera vez en la historia de la humanidad, en 2050 habrá en el mundo más mayores de 60 años que niños.

La urbanización puede ser una poderosa herramienta para alcanzar un desarrollo sostenible e inclusivo. Según los pronósticos, alrededor de 6.250 millones de personas, el 15% con discapacidades, vivirán en centros urbanos en 2050. La actual falta de accesibilidad que sufren las personas con discapacidades, sobre todo en muchas ciudades del mundo, supone un gran desafío y una oportunidad estratégica para el fomento de la equidad y la inclusión.

En el caso de las mujeres, la discriminación de género agranda y agrava los desafíos y riesgos de las ciudades. ¿Por qué? Porque la desigualdad de género representa una discriminación estructural y una desventaja que penetra en todos los desafíos, oportunidades y espacios urbanos.

Los problemas que las ciudades tienen ante sí pueden superarse de manera que les permitan continuar prosperando y creciendo, sin dejar por ello de mejorar la utilización de los recursos y de reducir la desigualdad y la pobreza. En consecuencia, las ciudades y los asentamientos urbanos pueden ser entornos seguros, prósperos y equitativos. Pero esto será imposible sin la inclusión de todos los habitantes en su desarrollo sostenible. En este sentido, todos los elementos de la gobernanza y la administración urbanas —la legislación, la financiación y la planificación— deben incorporar activamente medidas que favorezcan la igualdad de género. Esta es la posición de la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 y la que pronto adoptará la Nueva Agenda Urbana (NAU): la inclusión facilita el desarrollo sostenible.

Un testimonio personal

Desde mi puesto de alcaldesa de Kigali pude comprobar directamente los efectos positivos de la urbanización. Hoy en día, Ruanda simboliza la increíble capacidad de adaptación del ser humano. En 1994, reflexionando sobre la situación del país, el presidente Paul Kagame se preguntaba: «¿Ha existido alguna vez un país más destrozado e impotente?». No podía tener más razón, pero las ciudades son concepciones humanas y pueden planificarse y desarrollarse para beneficiar al conjunto de la población. No cabe duda de que esto conlleva esfuerzos infatigables, decisiones difíciles, un liderazgo visionario, escuchar y responder a las necesidades de los ciudadanos y asegurarse de que plasmen su derecho a disfrutar de su propia ciudad. En esos elementos se asentó mi labor, como alcaldesa de Kigali y como gobernadora de la Provincia Este. Los beneficios obtenidos en Kigali se han extendido, transformando también la vida en zonas periurbanas y rurales.

Uno de los desafíos a los que me enfrenté como alcaldesa fue el deseo de aprovechar plenamente el potencial de todos los ciudadanos, fuera cual fuera su renta, género y edad, centrándome especialmente en los grupos vulnerables. A tal fin, promoví iniciativas que demandaban la participación activa de cada uno de ellos en el desarrollo de su derecho a disfrutar de la ciudad. En un plano general, invertí en infraestructuras, aprendizaje, educación y desarrollo de aptitudes, abrazando el cambio sin traicionar nuestro patrimonio. También se tomaron medidas para mejorar la situación de las zonas marginales y de las viviendas de rentas bajas, mejorar también la recogida de basuras, prohibir los plásticos, perfeccionar el transporte público y embellecer calles y aceras. La colaboración de la comunidad fue esencial para estas iniciativas y, como alcaldesa, tuve como prioridad fomentar la participación popular en las decisiones de planificación urbana. Por ejemplo, a través del sistema «Umuganda», las comunidades locales de Kigali se reunían el último sábado del mes para participar en trabajos no remunerados que redundaban en la mejora de la vida en común.

En ONU-Hábitat no he dejado de insistir en la enorme importancia de aplicar enfoques sensibles al género para desarrollar ciudades sostenibles, prósperas y equitativas. En realidad, para conseguir tal cosa, hace falta enfrentarse a las barreras económicas, educativas y sociopolíticas que generan desequilibrios de género, y también ganancias que solo alcanzan a una minoría. Las mujeres representan un desproporcionado porcentaje de los pobres urbanos, pero, al mismo tiempo, su contribución al desarrollo económico es enorme. Cuando se les da poder, se convierten en un recurso extremadamente valioso para el desarrollo de sus comunidades. Es decir, ese desarrollo sostenible urbano solo podrá alcanzarse si todo el mundo se afana por defender los derechos de la mujer, fomentar su participación equitativa en la toma de decisiones y desarrollar servicios que, en todos los programas, beneficien por igual a ambos sexos. Asegurarse de que el desarrollo sostenible respete los derechos de las mujeres significa, entre otras cosas, que hombres y mujeres tengan un mismo acceso a la educación, las oportunidades laborales y los servicios financieros; que la perspectiva de género se integre en las leyes relativas a la tierra, la vivienda y los derechos de propiedad; que se fomente la participación femenina en los procesos de toma de decisión mediante una gobernanza inclusiva, y que las mujeres tengan un nivel de seguridad y protección digno.

La Agenda 2030 y la Nueva Agenda Urbana

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible constituyen un plan de acción para la gente y el planeta. En última instancia, pretenden afianzar la paz extendiendo las libertades, enfrentándose a las causas últimas de la pobreza y erradicando esta plaga mediante valientes y transformadoras medidas que sitúen el mundo en una flexible senda hacia la sostenibilidad.

A lo largo de este siglo veremos que gran parte de la población mundial vivirá en centros urbanos. Durante una reciente conferencia de ONU-Hábitat se aprobó la Nueva Agenda Urbana, un documento de base práctica que fija niveles globales de desarrollo urbano sostenible que habrá que alcanzar. Así, deberemos replantearnos cómo construimos, gestionamos y vivimos en las ciudades a partir del fomento de la acción y la cooperación entre socios comprometidos, sectores afectados y actores sociales de todos los niveles gubernamentales y también del ámbito privado.

186964421

Aquí y ahora: las mujeres en las ciudades

Como ya he señalado, las poblaciones urbanas se están feminizando y rejuveneciendo cada vez más. Este proceso es especialmente evidente entre los pobres. En realidad, está claro que existe un desfase entre lo que las mujeres aportan a la prosperidad de las ciudades —con trabajos remunerados y no remunerados— y lo que obtienen de ella en materia de representación en la gobernanza urbana y de igualdad de acceso al trabajo y al espacio público.

La pobreza urbana es asombrosamente distinta a la rural, ya que las economías urbanas, al tener mucho que ver con los sectores secundario y terciario, dependen más de rentas monetarias para responder a necesidades esenciales. En consecuencia, la pobreza urbana tiene una singular dimensión de género, ya que deposita un peso desproporcionado en las personas y los hogares que desempeñan labores asistenciales no remuneradas, y esto afecta mayormente a las mujeres. Además, las economías urbanas, basadas en el flujo de efectivo, también conllevan la obligatoriedad de que las mujeres, con frecuencia desde corta edad, tengan que desempeñar labores remuneradas, pero sin dejar de asumir tareas asistenciales que no se pagan. De este modo, las iniciativas para compaginar el trabajo asalariado y el asistencial no remunerado, unidas a la desigualdad que sufren en su acceso a una vivienda digna, a un mínimo bienestar económico, al voto y a la libertad de movimiento en los espacios públicos, imponen a las mujeres, y en algunos casos a las niñas, un gravoso peaje.

En general, se reconoce que las mujeres urbanas corren más riesgo de sufrir actos de violencia que las de entornos rurales. Aunque la violencia de género la determinan en gran medida las diferencias que ocasiona este factor y las concepciones culturales de feminidad y masculinidad, también tiene mucho que ver con la falta de infraestructuras básicas y de acceso a los servicios, que incrementan la vulnerabilidad de las mujeres.

En suma, aunque las ciudades del mundo cada vez alojan a más mujeres que hombres, una amplia gama de factores frena que las primeras actúen como motores integrales del desarrollo urbano sostenible; entre ellos su posición desfavorecida en el mercado laboral, su limitada capacidad para obtener activos al margen de los hombres de su familia y el mayor riesgo que corren de ser víctimas de actos de violencia. En consecuencia, si queremos que las mujeres sean colaboradoras en igualdad de condiciones, las políticas de igualdad de género y las soluciones que proponen deberán ser integrales, y constituir un activo en la búsqueda de métodos de participación que fomenten la sostenibilidad y la calidad de vida de todos los habitantes de las ciudades.

Mensaje para el futuro

En la actualidad, las mujeres y las niñas tienen ante sí múltiples desafíos en los entornos urbanos, pero no todo es sombrío en el futuro. En todo el mundo, la igualdad de género ha registrado avances considerables. Ahora las mujeres tienen un mejor acceso a los servicios básicos, participan más en la gobernanza y son más conscientes que nunca de sus derechos. Aunque la urbanización plantea nuevos problemas, también crea oportunidades. Las mujeres urbanas están menos expuestas a prácticas tradicionales discriminatorias y peligrosas, tienen más capacidad de participar en la economía, y su salud y seguridad dependen menos del matrimonio y de los hombres. No debemos renunciar a la lucha constante por la igualdad, pero también es importante reconocer los avances registrados en un período de tiempo relativamente corto.

Me imagino un futuro, quizá dentro de 20 años, pero más probablemente dentro de 50, en el que las mujeres y las niñas, los hombres y los muchachos tengan las mismas oportunidades a lo largo de su vida. Mujeres y niñas tendrán un acceso equitativo a la educación, las oportunidades laborales, el control de su propio cuerpo y su vida, y también a la representación en gobiernos y empresas. Los centros urbanos pueden promover esos cambios, mediante transformaciones culturales, innovación y educación. Si mantenemos la igualdad de género y la urbanización entre las prioridades de la agenda global, las ciudades pueden convertirse en el baluarte de la esperanza femenina.

***

Mujeres de todo el mundo se están encontrando en situaciones nuevas y difíciles. Aun siendo estas singularmente diversas, muchas comparten rasgos comunes. Las parlamentarias y directivas de Londres sufren la misma discriminación de género que las vendedoras de comida de los arrabales marginales de Nairobi. Las mujeres ya son propietarias de tierras, doctoras, cabezas de familia, migrantes, integrantes de minorías étnicas, abogadas y personas con discapacidades. Todos esos grupos se topan con problemas para disfrutar de igualdad de oportunidades. La expansión mundial de la urbanización proporciona una fascinante oportunidad para cambiar los tradicionales roles de género y ofrecer opciones a las mujeres. Sin embargo, para alcanzar ese objetivo, debemos seguir colocando la igualdad de género entre nuestras prioridades. El mundo nunca había asistido a un proceso de urbanización tan rápido ni a una transformación tan profunda de la forma de vida. Tampoco habíamos asistido nunca a un cambio cultural y a una ruptura con la tradición de este calibre. Es preciso aprovechar y modular esos dos fenómenos para crear una sociedad que conceda igualdad de oportunidades a todos sus miembros.

BIOGRAFÍA

AISA KIRABO KACYIRA

Directora ejecutiva adjunta del programa Hábitat de las Naciones Unidas, con más de quince años de experiencia en gestión y liderazgo estratégico tanto en el gobierno como en la sociedad civil. Previamente fue gobernadora de la Provincia Este, la más grande de Ruanda, con una población de dos millones y medio de habitantes, y alcaldesa de Kigali (2006-2011), una de las ciudades del mundo que se están urbanizando con más rapidez. Fue galardonada con el Pergamino de Honor de ONU-Hábitat en 2008 por la transparencia de su gestión, por sus iniciativas para la construcción de viviendas adecuadas, seguras y sostenibles, y por la creación de oportunidades de empleo para los más desfavorecidos. Kirabo ha participado en el Comité Asesor de Autoridades Locales de Naciones Unidas y ha desempeñado cargos de gestión en varias ONG, como Oxfam y CARE International, organización responsable de proyectos habitacionales en África, como la construcción de trescientas viviendas en Kenia a las que los residentes acceden por un sistema de microcréditos.

Descarga Caminos hacia la sostenibilidad S.M.A.R.T. (PDF)

Referencias

Chant, Sylvia, y Cathy McIlwaine. Cities, Slums and Gender in the Global
South: Towards a Feminist Urban Future, Routledge, 2016.

Secretariat for the Convention on the Rights of Persons with Disabilities,
UN HABITAT, y DESA. Accessibility and Disability Inclusion in Urban
Development, 2015, en http://www.un.org/disabilities/documents
/2015/accessibility-urbandevelopment.pdf.

Tacoli, Cecilia. Urbanization, Gender and Urban Poverty: Paid Work and
Unpaid Carework in the City, IIED y UNFPA, 2012, en https://www.unfpa.
org/sites/default/files/resource pdf/UEPI%207%20Tacoli%20Mar
%202012.pdf.

UNDESA. World Urbanization Prospects, United Nations, 2014, en
https://esa.un.org/unpd/wup/Publications/Files/WUP2014-Report.pdf.

UNFPA. Marrying Too Young: End Child Marriage, Nueva York, United
Nations Fund for Population Activities (UNFPA), 2012, en https://
http://www.unfpa.org/sites/default/files/pub-pdf/MarryingTooYoung.pdf.

UN-HABITAT. Cities of Youth, Cities of Prosperity, United Nations Human
Settlements Programme (UN-HABITAT), 2012, en unhabitat.org/.

UN-HABITAT. State of Women in Cities 2012-2013: Gender and the
Prosperity of Cities, UN-HABITAT, 2013, en http://mirror.unhabitat.org
/pmss/listItemDetails.aspx?publicationID=3457.

UN-HABITAT. «UN-Habitat in Syria», 2014, en http://mirror.unhabitat.
org/ content.asp?cid=12299&catid=822&typeid=24&subMenuId=0.

UN-HABITAT. World Cities Report 2016 Urbanization and Development –
Emerging Futures, United Nations Publications, 2016, en wcr.unhabitat.org/.

UNITED NATIONS. «Cities – United Nations Sustainable Development
Action 2015», en UN News Center, http://www.un.org/
sustainabledevelopment/cities/.

UNITED NATIONS. «Older Persons, Aging, Elderly, Health, Security,
Independence, Participation, Care, Self-fulfilment, Dignity, Intergenerational
Support Systems, Pensions, Age Discrimination, Poverty», en UN News
Center, 2011. http://www.un.org/en/events/olderpersonsday/background.shtml.

UNITED NATIONS CHIEF EXECUTIVES BOARD FOR
COORDINATION, «Urbanization and Sustainable Development:
A UN System Input to a New Urban Agenda», 27 de abril de 2016, en
http://www.unsceb.org/CEBPublicFiles /Urbanization%20and
%20Sustainable% 20Development_a%20UN%20system%
20input%20to%20the%20New%20Urban%20Agenda-ODS.pdf

UN WOMEN. «In Focus: Women Refugees and Migrants», en http://
http://www.unwomen.org/en/news/in-focus/women-refugees-and-migrants.

UN WOMEN. Progress of the World’s Women 2015-16, UN WOMEN, 2016,
en http://progress.unwomen.org/en/2015/.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s