Biodiversidad en el mundo urbano

AHMED DJOGHLAF

 

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Las ciudades que están liderando el fomento de la biodiversidad en las zonas urbanas tienen la responsabilidad de compartir sus experiencias con otras ciudades del mundo

Alimentar a una población cada vez más numerosa, sobre todo en los países en desarrollo, en un entorno crecientemente urbano y en un planeta más cálido, constituye uno de los principales desafíos que tiene la humanidad. «La biodiversidad es la vida; la biodiversidad es nuestra vida» fue el lema con el que en 2010 se celebró en todo el mundo el Año Internacional de la Diversidad Biológica.

Cuando los ecosistemas están sanos proporcionan beneficios sociales, económicos y ecológicos, así como bienes y servicios de los que depende la economía mundial y, por consiguiente, el bienestar humano. Sin embargo, según la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica, en las últimas décadas el ser humano ha cambiado los ecosistemas con más rapidez e intensidad que en ninguna otra época histórica anterior. La biodiversidad se está perdiendo a un ritmo nunca visto, poniendo así en peligro la propia capacidad que tienen los ecosistemas de continuar proporcionando bienes y servicios esenciales.

Un estudio recientemente publicado demuestra que, en las dos últimas décadas, nuestro planeta ha perdido el 10% de sus espacios naturales. Desde 1990 han desaparecido más de 3 millones de kilómetros cuadrados de áreas silvestres, equivalentes al tamaño de la India.

Esto ha ocurrido mientras la comunidad internacional, a través de la Cumbre de Río y de tratados legalmente vinculantes como el Convenio sobre Diversidad Biológica, se comprometía a conservar la biodiversidad y a utilizarla de manera sostenible.

Hasta hace poco, el 47% de la superficie terrestre estaba cubierta de bosques. Posteriormente, la cubierta forestal desapareció por completo en 25 países y otros 29 solo conservan el 10%. Trece millones de hectáreas de bosque siguen desapareciendo anualmente: el equivalente a tres veces el tamaño de Bélgica. Es bien sabido que los bosques tropicales son los ecosistemas más ricos desde el punto de vista de la biodiversidad. Aunque ya no representan más que el 7% de la superficie terrestre, acogen hasta el 80% de las especies vivas identificadas. En los últimos años se ha destruido alrededor del 35% de los manglares.

En la actualidad, el ritmo de extinción de las especies animales y vegetales es entre cien y mil veces mayor que el ritmo natural. Como ha demostrado la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, las presiones que ejerce la actividad humana sobre las funciones naturales del planeta han llegado a tal punto que la capacidad de los ecosistemas para responder a las necesidades de las generaciones futuras está gravemente, y quizá irremediablemente, comprometida.

Los científicos piensan que la humanidad está pasando por la sexta extinción masiva de especies. Según muchos biólogos, la suerte de la diversidad biológica en los próximos 10 millones de años la determinarán seguramente, durante los próximos 50-100 años, las actividades de una sola especie: el Homo sapiens.

Entre las causas últimas de la pérdida de biodiversidad se encuentra la acelerada urbanización del mundo en desarrollo y especialmente la de África, agravada por los efectos negativos del cambio climático.

Desde 2007, el mundo ha asistido a un cambio de paradigma. Por primera vez en la historia de la humanidad, la población urbana ha superado a la rural. Esa irreversible tendencia ha abierto las puertas a una nueva era, la del Homo urbanus. El siglo XXI será un siglo urbano. Esa evolución sin precedentes tendrá profundas repercusiones para el futuro de la humanidad y conformará la sociedad contemporánea. El crecimiento de la población urbana es uno de los cambios más espectaculares que ha experimentado la humanidad últimamente.

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Más del 50% de la población actual reside en ciudades. Hace dos siglos esa cifra se situaba en el 3%. Este crecimiento se aprecia sobre todo en los países en desarrollo, que albergan gran parte de la biodiversidad del planeta.

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la población mundial aumentará en 2.200 millones y llegará a los 9.200 en 2050. Será un incremento equivalente al número total de habitantes que había en 1950. Durante los dos últimos siglos la población mundial se ha multiplicado por 7. El crecimiento se producirá sobre todo en los países en desarrollo y, en concreto, en África. Y será principalmente urbano.

La población urbana aumentará anualmente en 50 millones de personas, lo cual equivale a un poco menos de la población conjunta de España y Portugal. En las tres próximas décadas, la población de las ciudades aumentará en 1,1 millones de personas cada 10 días.

En 1820, había tres ciudades con más de un millón de habitantes: Tokio, Pekín y Londres. En 1900 ya eran 16 y en 1950, 54 ciudades. Hoy en día, más de 411 urbes superan el millón de habitantes. En las próximas dos décadas la cifra aumentará hasta superar las 1.000. En 1950, Nueva York y Tokio eran las únicas dos ciudades con más de 10 millones de habitantes. En la actualidad, hay más de 22 megaciudades y todas ellas, a excepción de las dos anteriores, están en países en desarrollo.

En la India, la población urbana se ha multiplicado por 6 desde la independencia del país en 1947. Según algunos cálculos, más de 700 millones de habitantes de zonas rurales, cifra equivalente a la población europea, emigrarán a las urbes indias antes de 2050.

En una sola década, China levantará 50.000 nuevos rascacielos, lo cual equivale a 10 ciudades como Nueva York. Antes de 2015 surgieron 221 nuevas urbes de más de un millón de habitantes, y hay que tener en cuenta que Europa solo tiene 35 ciudades así. En 2000 China tenía 3,7 millones de pueblos, que ahora son 2,6. De hecho, todos los días desaparecen 300.

El 95% del crecimiento demográfico de las ciudades del mundo tendrá lugar en países en desarrollo. Su población urbana aumentará en 5 millones al mes y en 2050 se habrá multiplicado por 2.

El continente africano asistirá a la urbanización más rápida y espectacular de la Tierra. El informe publicado por Unicef en agosto de 2014, Africa: Generation 2030, confirmaba que la población de ese continente seguirá creciendo sin cesar hasta finales del siglo XXI. En 1950 representaba el 9% de la población mundial. En 2050, un cuarto de la humanidad vivirá en África y uno de cada tres niños será africano. Se calcula que en la actualidad África tiene 1.200 habitantes. En 2050 llegará a 2.400 y a 4.200 a finales del siglo XXI.

En medio siglo la población urbana africana se ha multiplicado por 11. En 1950, el 14% de los habitantes de África eran urbanos. Hoy en día representan el 40%, y en 2050 serán el 60%. En la actualidad, más de 350 millones de ciudadanos africanos viven en zonas urbanas. En 2050 ya serán 1.200 millones.

En 1950, ni una sola ciudad africana tenía más de un millón de habitantes. En 1960, solo Johannesburgo superaba el millón. Hoy en día, ya hay más de 40 ciudades que lo superan. Se calcula que la población de Lagos, en Nigeria, se multiplicará por dos en 2030 y que llegará a 24 millones, en tanto que la de El Cairo alcanzará los 25 millones.

La tasa de urbanización de los países industrializados ha llegado al 75%. Sin embargo, estos países siguen perdiendo gran parte de sus terrenos agrícolas y de su diversidad animal y vegetal. Los 28 integrantes de la Unión Europa pierden al año 1.000 km2 de terreno fértil. En Francia se pierden cada año 60.000 hectáreas de terreno agrícola a causa de la urbanización. En Austria, todos los días desaparecen del mapa entre 12 y 15 hectáreas de tierra cultivable. Alemania transforma a diario entre 110 y 120 hectáreas de terreno en calles, casas y otros edificios. Entretanto, el hecho de que cada año haya 85 millones de habitantes más aumenta la necesidad de tierra cultivable.

En 2050, más del 75% de la población mundial vivirá en ciudades. A finales de este siglo, serán urbanos el 90% de los habitantes del planeta. En 2030, 4 de cada 5 ciudadanos urbanos del mundo vivirá en países en desarrollo. Las ciudades solo ocupan el 2% de la tierra del planeta, pero consumen el 75% de los recursos y generan el 80% del CO2 que emite el mundo. Las ciudades siempre han conformado la economía mundial, influyendo en las sociedades contemporáneas.

La acelerada urbanización de los países en desarrollo, si se gestiona mal, tendrá efectos muy negativos para el futuro de la humanidad. Entre las principales causas de la inusitada pérdida de biodiversidad figura la actitud de los líderes municipales y los artífices de las políticas de los países en desarrollo, que no son conscientes de la importancia, el valor y los servicios que proporciona la naturaleza. Esto explica que el primer objetivo de los 20 de Aichi, incluidos en el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, aprobado en 2010 por la comunidad internacional, aspirara a que «En 2020, como muy tarde, la gente sea consciente de los valores de la biodiversidad y de las medidas que puede tomar para conservarla y utilizarla de manera sostenible».

Una urbanización desencaminada acentuará enormemente el calentamiento global del planeta. Sin embargo, las ciudades sostenibles y habitables forman parte de la respuesta a los desafíos que plantea dicho calentamiento. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2012 la contaminación del aire causó 7 millones de muertes en el mundo: es decir, una de cada 8. Este dato confirma que la contaminación atmosférica es ya el principal peligro sanitario relacionado con el medio ambiente. La reducción de la contaminación podría salvar millones de vidas. Los árboles no solo proporcionan oxígeno, sino que absorben partículas en suspensión.

Durante la ola de calor del verano de 2003, que produjo cerca de 20.000 muertos en Francia, la zona del Bois de Boulogne, gracias a su capa vegetal, registró 3 °C menos que otras áreas de París. Está demostrado que si una ciudad tiene un 10% de capa vegetal puede reducir entre un 5 y un 10% su consumo de energía; también que las ciudades que cuentan con un elevado porcentaje de zonas verdes sufren menos violencia. Los habitantes de aquellas que tienen un gran número de parques públicos disfrutan de sólidos vínculos sociales.

En Montreal, los científicos han demostrado que el riesgo de sufrir ansiedad es un 21% mayor entre los ciudadanos urbanos, que están sometidos a un incremento de los cambios de humor del 39%. El riesgo de padecer esquizofrenia se multiplica por 2 entre los nacidos en ciudades.

Para responder a la creciente urbanización del mundo, todas las semanas tendremos que construir una ciudad nueva, capaz de alojar a más de un millón de personas. La forma de concebir estas ciudades determinará el futuro de la humanidad.

La urbanización no es enemiga del desarrollo sostenible. Las ciudades no son el problema, sino que forman parte de la solución. El exalcalde de Curitiba, Jaime Lerner, tenía razón al señalar que las «ciudades no tienen por qué ser el problema. Son una parte necesaria de la solución».

Las urbes no son enemigas de la naturaleza. En París hay más de 2.000 especies animales y casi el mismo número de especies vegetales. Aunque la biodiversidad está disminuyendo en las zonas rurales, en París, que tiene 15 m2 de zonas verdes per cápita, está aumentando. Londres ofrece 45 m2 y Bruselas 59 m2 per cápita. En Berlín viven más de 8.000 jabalíes y 2.000 zorros. La cubierta vegetal de Singapur representa más del 16% de su superficie. Esta ciudad-estado se está convirtiendo en un líder ecológico urbano. Montreal cuenta con más de 1,2 millones de árboles de titularidad pública. Ciudades como Barcelona, Bilbao, Los Ángeles, Miami y Filadelfia han logrado reinventarse.

Con todo, la pérdida de biodiversidad no es una fatalidad y la gestión insensata no es inevitable para las ciudades. El urbanismo sensato y la gestión urbana respetuosa con el medio ambiente pueden existir y, de hecho, existen. Las ciudades que están liderando el fomento de la biodiversidad en las zonas urbanas tienen la responsabilidad de compartir sus experiencias con otras ciudades del mundo. Está claro que la urbanización es irreversible. Su forma de producirse determinará el futuro de la humanidad.

Sobre este telón de fondo, y guiándome por el lema de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, «Piensa en el mundo, actúa en tu medio», desde mi puesto de secretario ejecutivo del Convenio sobre Diversidad Biológica, promovido por las Naciones Unidas, decidí convocar, para marzo de 2007, en la ciudad brasileña de Curitiba, una reunión sobre «Ciudades y biodiversidad: hacia el cumplimiento de los objetivos de biodiversidad de 2010». A los alcaldes que han organizado reuniones de la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica, así como a los de las ciudades que albergan sedes de la ONU, se les invitó, tanto a compartir sus experiencias en materia de protección de la biodiversidad como a debatir las diversas posibilidades que tienen las ciudades de fomentar su compromiso con los tres objetivos del Convenio. Los representantes de las 34 ciudades asistentes a la reunión aprobaron la Declaración de Curitiba sobre Ciudades y Biodiversidad.

En los márgenes de la 9ª reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica, en mayo de 2008 convoqué en Bonn una reunión bajo el lema «Acción local por la biodiversidad», para subrayar la importancia de la diversidad biológica urbana. Los 50 alcaldes asistentes, procedentes de 30 países, en representación de más de 100 millones de ciudadanos urbanos, suscribieron el «Llamamiento sobre diversidad biológica de Bonn». Este documento se presentó a los principales responsables de la Conferencia de las Partes del Convenio, celebrada con la participación de jefes de Estado y presidentes de Gobierno, y de más de 100 ministros de Medio Ambiente.

Por primera vez en la historia de los convenios medioambientales de las Naciones Unidas, las ciudades hablaban ante un foro del más alto nivel, lo cual sentó un precedente para reuniones posteriores de la Conferencia de las Partes del Convenio y otros procesos intergubernamentales afines.

La iniciativa culminó con la convocatoria para 2010, en Nagoya, Japón, de la Cumbre de Ciudades por la Diversidad Biológica, relacionada con la 10ª Conferencia de las Partes. A la reunión asistieron más de 500 alcaldes y altos cargos municipales. Por primera vez se aprobó un plan de acción para gobiernos subnacionales, ciudades y otros organismos locales en relación con la biodiversidad, que fue adoptado por los 18.000 participantes, en representación de los 183 firmantes del Convenio. Los objetivos del plan son:

  • a) Aumentar la participación de los gobiernos subnacionales y las autoridades locales para apoyar a sus Partes en la aplicación satisfactoria de estrategias y planes de acción nacionales en materia de diversidad biológica, el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, la meta para 2020 y los programas de trabajo en el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica.
  • b) Mejorar la coordinación regional y mundial y el intercambio de lecciones aprendidas entre las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, organizaciones regionales y mundiales, organismos de las Naciones Unidas y de desarrollo, instituciones académicas y donantes, sobre formas y medios para alentar y apoyar a las autoridades locales en la gestión sostenible de la diversidad biológica; proporcionar servicios de los ecosistemas a los ciudadanos, e incorporar las inquietudes relativas a la diversidad biológica en la planificación y el desarrollo urbanos.
  • c) Identificar, mejorar y divulgar instrumentos de política, directrices y programas que faciliten la acción local sobre diversidad biológica y aumenten la capacidad de las autoridades locales para apoyar a sus gobiernos nacionales en la aplicación del Convenio sobre la Diversidad Biológica.
  • d) Desarrollar programas de aumento de la concienciación sobre la diversidad biológica para residentes locales (incluidos los grupos principales, tales como el sector empresarial, administradores locales, organizaciones no gubernamentales, los jóvenes y las comunidades indígenas y locales), conforme a las estrategias de comunicación, educación y conciencia pública.

Como demostró la Cumbre de París, en la que participaron más de 150 jefes de Estado y presidentes de Gobierno, el cambio climático es uno de los desafíos más importantes que tiene ante sí la humanidad. Tal como declaró el secretario de Estado de los Estados Unidos de América, John Kerry, en febrero de 2014, durante su visita a Indonesia: «El cambio climático es un arma de destrucción masiva».

De hecho, se considera que el cambio climático está en la raíz de la inusitada pérdida de biodiversidad actual. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), antes de finales de este siglo el cambio climático puede llegar a ocasionar la desaparición de hasta el 30% de las especies conocidas.

No obstante, las ciudades verdes forman parte de la solución para el cambio climático. Constituyen socios ideales para una aplicación eficaz del histórico Acuerdo de París sobre ese problema.

En consecuencia, si la puesta en marcha del programa sobre clima y ciudades —a través de la red C-40 y del nombramiento por parte del secretario general de las Naciones Unidas de un representante especial para las «ciudades y el cambio climático»— constituye una magnífica iniciativa, la creación de un programa similar sobre ciudades y biodiversidad resulta imprescindible. Es urgente crear una plataforma permanente sobre ciudades y biodiversidad, con vistas a promover las mejores prácticas, difundir los aprendizajes e intercambiar experiencias en un contexto de cooperación entre el Norte y el Sur, y también entre el Sur y el Sur.

Victor Hugo dijo que «el ejército más poderoso del mundo no puede detener una idea cuyo momento ha llegado»: la creación de un foro permanente sobre ciudades y biodiversidad es una idea cuyo momento ha llegado.

BIOGRAFÍA

AHMED DJOGHLAF

Fue secretario ejecutivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) hasta 2012, desempeñando un papel clave en el campo del desarrollo, la sostenibilidad y la protección de la biodiversidad global. Anteriormente fue subdirector de este mismo Programa y director de la División de Coordinación para el Medio Ambiente Mundial. Estudió, entre otras instituciones de prestigio, en la Universidad de Nancy, en Francia, donde se doctoró en Ciencias Políticas; la St. John’s University de Nueva York, donde obtuvo un máster en Gobierno y Política; la Université Lille Nord de France, donde estudió una maestría en Ciencias Políticas y Ciencias de la Información; y la Universidad de Argel, por la que obtuvo su licenciatura en Derecho. En la actualidad es asesor del World Future Council, organización integrada por personalidades de reconocida catadura ética que representa los intereses de las futuras generaciones, ubicándolos en el centro de las decisiones políticas.

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